Cuando los otros quieren que creas que no has sabido cuidar del vínculo, que por eso estás tan sola

Hay gente que se especializa en romper vínculos y en buscar el modo de hacer que te sientas muy sola. Padecen de pronto de alguna clase de amnesia focalizada en lograr hacer que desaparezcas del mapa a la primera de cambio. Ya sea que estés al lado de ellos, hombro con hombro, o a 1.000 kilómetros de distancia. Las excusas para hacerlo pueden llegar a ser muchas y ellos siempre van a encontrar alguna. Te dicen, por ejemplo: "¡Uy, perdona. No me di cuenta que tú también estabas!" Y lo hacen desde el minuto cero, solo que tú no eres como ellos y crees que entre ellos y tú alguna vez hubo algo. Pues no. No lo hubo. Solo un vacío. Ese que ellos tienen dentro por lo que sea (no vamos a juzgarlos), y que quieren que tú sientas para que sufras y para que te sientas culpable por haberte ido un segundo al baño como si eso para ellos tuviese muchísima importancia. En realidad nunca les has importado en absoluto. Nunca existió ninguna clase de "vínculo" porque ellos no saben lo que significa establecer vínculos. Allí no había habido nunca nada y lo mejor que puedes hacer por ti y quizás también por ellos en tales casos, es proceder a empujarlos al abismo gélido que guardan celosamente dentro de sí mismos, y dejar que se queden ahí hasta el último suspiro.


Os cuento esta historia, porque a mí me ocurrió algo parecido, aunque completamente distinto. Fue el día en que, tras 10 años de haberme ido, decidí volver de visita al país donde estudié mi carrera. Mi primera carrera. Y fui a visitar a un par de amigos con los que no había mantenido ningún contacto durante todos esos años. Pero yo al verlos me sentía como si los hubiera visto el día antes. No es que hubiéramos sido tan íntimos ni que nos hubiéramos tratado tanto fuera de lo que había sido el ámbito académico, pero habíamos estado juntos, muy juntos, día tras día, sin ninguna clase de descanso, a lo largo de 4 intensos años de estudio y de trabajo duro. El roce había sido continuo, muchas veces arduo, había sido mucho lo que habíamos compartido y creo que nos conocíamos bastante. Sin embargo el recibimiento que me dieron "mis amigos" fue de lo más distante. "No sé qué quieres de mí ni para qué vienes después de 10 años de no haber mantenido conmigo ningún tipo de contacto." Algo así fue lo que se me dijo. Fue como si me arrojasen un balde de agua fría, pero no respondí y me comporté como si no me hubieran dicho nada. Realmente durante esa década yo no había podido girar la cabeza y mirar hacia atrás porque estaba en plena faena de intentar abrirme paso y salir adelante en un país desconocido para mí, asumiendo tareas y responsabilidades que no manejaba para nada bien todavía, procurando adaptarme a una serie de condiciones muy nuevas, y todo ello, estando como estaba, recién salida del huevo de la Academia: la Academia había sido una especie de huevo. Una especie de encierro cuasi carcelario para todos nosotros. Tampoco era que yo hubiese elegido irme de ese país y venirme a este otro. Había sucedido así. No siempre se trata de cosas que decidimos por nosotros mismos ni de planes previstos. A veces es la vida la que nos traza el camino. Por otra parte, tampoco es que yo hubiese recibido ninguna carta por correo o llamado por teléfono o algo de alguno de ellos interesándose por mi nueva vida o por los motivos de que me hubiera ido. Pero que me recibiesen como a un completo extraño que no les importaba en lo más mínimo, que les era completamente indiferente, y que además me hiciesen sentir que sobraba allí y que molestaba, me parecía a mí que era pasarse de largo.


Así que sí. Hay personas para las que la distancia supone el olvido y eso para los que no sentimos lo mismo tiene que suponer una enseñanza. Y he aquí mi cuento para ilustrarlo:


La Guerra del Rif (1911–1927), fue un enfrentamiento originado en la sublevación de las tribus rifeñas (región montañosa del norte de Marruecos) contra la ocupación colonial española. El contingente español estaba compuesto en su mayoría por soldados de reemplazo que no entendían aquella guerra y que sólo deseaban volver a sus casas.

Uno de estos jóvenes soldados tenía asombrados a todos sus compañeros del destacamento por el cariño que continuamente demostraba a su novia: escribía cartas todos los días, no paraba de hablar de ella, mostraba su foto a todo el mundo… Pero dicen que la distancia es el olvido. Un buen día recibió una carta de su novia, cuando vieron la expresión del muchacho comprendieron que eran malas noticias… le dejaba porque había conocido a otro con el que pensaba casarse y, además, le pedía que le devolviese la foto. Los comentarios de sus compañeros mejor no reproducirlos. Como tener la moral baja y la cabeza en otro sitio, en medio de una guerra, es harto peligroso, sus compañeros decidieron echarle una mano para darle un escarmiento. Reunieron las fotografías de las novias de todo el destacamento, incluida la de la susodicha, y se las enviaron en un paquete con una nota del soldado: "Haz el favor de quedarte con la tuya y devolverme el resto. Créeme que lo siento pero no recuerdo bien cuál es la tuya."


Fuente: Aprender del pasado, José Manuel Pina Piquer

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Hola a todos y a todas (o como digo yo, a tods, para facilitarnos las cosas.) No sé muy bien de qué va a versar mi blog, de psicología, psicoterapia y psicoeducación, obviamente, pero mi intención es