¡Es la monda! ¿Cómo funciona la cabeza de un niño? Entreconsulta

No sé cómo lo explican Piaget (bueno, sí, creo que algo sé), y todos los otros psicólogos y/o psicoanalistas y/o psicopedagogos y/o neurobiólogos y/o hipnotistas y/o sociólogos del mundo, pero sinceramente no me importa mucho lo que digan, porque aún cuando me lo describan e incluyan videos y fotografías, e intercalen casos clínicos y cuadros sinópticos y explicaciones y grafos, lo que yo creo es que el asunto es básicamente inconcebible e inconmensurablemente HERMOSO. Es como una joya que siempre está a punto de caérsenos de las manos, como si las tuviéramos enjabonadas, con lo cual nos entra la desesperación porque finalmente se nos caiga y se nos pueda perder.

Y sí. Por supuesto que es mágico, pero creo que va más allá de cualquier rótulo que le pongamos. Yo creo que hay algo que siempre se nos "escapa." Que es inaprensible. Que nos deja patidifusos, desconcertados, y como embobados. Es tal la belleza de lo que les ocurre a los niños en las cabezas, que una no comprende cómo es posible que a alguien no le gusten los críos, o quiera hacerles daño, y de hecho, que a cada segundo, se lo hagan.


Me gustaría aquí, dejar constancia de algunas cosas que yo he observado de primera mano y que constituyen solo una pequeña parte o "muestra" de lo que guardo y conservo con mucha delicadeza, por supuesto, en mi alhajero.


Uno

A los más de 18 o 20 años, mi hija Lara -realmente no recuerdo exacto a qué edad fue, pero sé que fue hace muy poco (mi hija ahora tiene 23)-, DESCUBRE que las naranjas (y seguramente, los pomelos también, aunque esto aún no lo podemos saber... ni tampoco podemos saber qué ocurre con los limones...), TIENEN GAJOS.


Claro. Yo siempre tengo la costumbre de pelar las naranjas, los pomelos y los limones, y cortarlos seguidamente con cuchillo bien afilado, en trozos pequeños, y servirlos en un plato para su posterior o inmediato consumo, si exceptuamos a las mandarinas.

Yo no sirvo nunca estos cítricos en gajos. Los sirvo troceados.


Pero, bueno. Una supone que si una de sus hijas o hijos (en este caso, mi hija única), ha ido a la guardería a partir de los más o menos, 3 años, y luego ha ido al cole hasta acabar el bachillerato, y ha ido a casa de sus amiguitas y amiguitos, y noviecitos, incluso, y familias, y ha viajado por el mundo, y ya ha comenzado la facultad, aunque más no sea la de diseño gráfico y comunicación visual y multimedia, necesariamente habrá al menos "escuchado hablar" de los cítricos. ¿Verdad?

Pues bien. No. No es así.


Mi hija única no había ni siquiera "escuchado hablar" de los cítricos, ni tampoco parece que hubiera visto jamás un cítrico -o dibujo de un cítrico-, como no fuera una simple e inútil mandarina que sí, obvio, tiene una piel y luego unos gajos. Mi hija NO SABÍA, COMO DIGO, HASTA LOS 18 o los 20 AÑOS, que el resto de los citrus o cítricos, pomelos, limones, limas y naranjas (y también las granadas, entre otros, pero yo no suelo comprar granadas y si las compro, veo que sus "gajos" no son iguales a los del resto de frutos que señalo), tienen gajos, esto es, que son frutos cuyo endocarpio, está naturalmente dividido en partes, cubiertas por un delgado tegumento que envuelve la pulpa de cada una de esas partes.


Yo no sé muy bien cómo funciona la cabeza de una niña, pero me parece bastante evidente, que aquí debió de ocurrir como poco, algo verdaderamente extraño. ¿Cómo fue que durante 20 años (y no digo ni tres ni cuatro ni 9, sino 20), mi hija quedara como "prendada" a la imagen de los trocitos de fruta que yo le cortaba de manera sistemática, y es cierto que era sistemática, y no captara ni por esas que la REALIDAD ES OTRA. Porque yo estoy segura de que en otras casas, o en la guarde o en la escuela, o donde fuera, mi hija TUVO que haber VISTO cómo otras personas, le servían o se comían las naranjas en gajos, o haberse comido ella misma una naranja en gajos y no en cachos.

Entonces, que alguien me explique, porque esto es verdaderamente FANTÁSTICO. Es extraterrestre. Marciano.


Dos

A sus 8 años, mi ex marido y yo, acordamos regalarle PARA REYES, a mi hija única, un piano.

Lo compramos y llega el día señalado, y yo caigo en la cuenta, de que el piano ese enorme, eslavo, no podrá ser depositado de noche junto al vaso de agua ni a los bizcochos o caramelitos, que dejamos siempre casi junto al árbol, para que sacíen su sed y su apetito, los señores Reyes Magos y los camellitos. Que ese piano va a tener que entrar de día por la puerta trasera de mi piso, y cargado por dos porteadores. Dos sencillos seres humanos.


Me llevo las manos a la cabeza, desesperada, porque mi hija a los 8 años, no está preparada para saber que los Reyes Magos somos los padres y me pregunto que qué hago. Que cómo lo hago, y no encuentro la manera de disfrazarlo con nada. Con lo cual, en cuanto los porteadores llaman a la puerta, les abro, mi hija naturalmente al lado, estos dos señores entran con el piano, lo llevan hasta el cuarto en el que cabe el piano, y después de saludarnos, se marchan por donde entraron.


Pensaréis, razonablemente, que mi hija tuvo que haber roto a llorar a la mañana siguiente, al ver que su regalo de Reyes era ese piano, desconsolada ante tamaño desengaño, traición o como queráis llamarle, porque es evidente, para cualquiera que como mínimo "piense", que aquellos señores NO HABÍAN podido ser los Reyes Magos. Habían venido de día y no de noche, vestían ropa de trabajo oscura y no llevaban ni capa ni incienso ni corona, no habían entrado ni por la ventana ni por la chimenea que no teníamos ni ahora ni entonces, ni tampoco habían venido acompañados por los camellos porque los ascensores aquí son pequeños, y que no se habían bebido esos vasos de agua ni comido los caramelos, al menos NO ELLOS. O sea. Estaba claro.


Al día siguiente, sin embargo, mi hija le comenta en cuanto se despierta, a sus amigas, que LOS MENSAJEROS REALES, VESTIDOS CON TRAJE DORADO, le habían regalado PARA REYES, ni más ni menos ¡que un piano! y que estaba encantada porque no se lo esperaba (era cierto: ella no había pedido ningún piano, y yo ni recuerdo lo que les pudo haber pedido ese año la cría a los Reyes Magos.)


Pido nuevamente que alguien me explique esto, porque como digo, esto tiene que ser, 100% milagro.


Tres

Yo le conté a mi hija Lara muchas veces desde que era pequeña, que una de las cosas por las que yo quise tenerla, es decir, quedarme embarazada, fue porque ANTES de tenerla a ella, habíamos tenido y criado en casa dos patos.


Tan bonito había sido criar a esos patos, que a una se le despierta por lo que sea, el deseo de ser madre. Y a mí me pasó eso, y así fue como nació mi hija Lara.

Bien. Para Lara las cosas habían sido diferentes.


En realidad se pasó el resto de la infancia contándole a todo aquel que la escuchara que ELLA HABÍA TENIDO DOS PATOS, además de un montón de hámsters que sí tuvo y que sí fueron de ella y solo de ella, plus una tortuga (que yo también le había contado que YO había tenido ANTES DE QUE ELLA NACIERA, Y DE ESO YA HACÍA MUCHO RATO.)

Nuevamente.


Cuatro

Mi ex marido y yo, por esas cosas de la vida que una jamás resuelve, nacimos el mismo día del mismo mes del año, aunque él un año antes que yo y yo un año después que él.

Solución. Para Lara, la cosa era clara. Todos los padres de todos los niños del mundo, siempre nacen el mismo día del mismo mes del año.


Cinco

Lo que para Lara significa estar casados (a partir quizás de los 2-3-4 años; ni idea.)

Para Lara, el estar casados significa que se tienen hijos. Por lo tanto si se tienen hijos se está casado.

Esto es así y es eclesiástico.


Seis

¿Es genético, transgeneracional, lo que le pasa a Lara?

Sí.


a) Mi hermana la mayor, S., por ejemplo, al despedirse por teléfono del fontanero de turno que ella no conoce de nada porque solo lo ha llamado para solicitarle un presupuesto, en lugar de decirle adiós, o hasta luego, o muchas gracias o lo que quieras, antes de colgar le suelta al tipo, directamente y sin más rodeos, ¡UN BESO!


b) Hora de los piojos en el colegio. Yo oigo que en el colegio de Lara asolan los piojos. Que a todos los niños de la clase y de todo el colegio, se les está plagando la cabellera de estos insectos, y las autoridades del colegio nos envían la circular en la que nos dicen qué medidas debemos tomar las madres y/o los padres al respecto.


Yo, por supuesto, ni la leo.


Y no. Yo no la leo, no porque no me preocupe por lo que le está ocurriendo a los otros niños del colegio, o porque pase de las directrices o comunicados de la directora del colegio, sino porque PARA MÍ, SEGÚN TENGO ENTENDIDO, LOS RUBIOS NO PUEDEN TENER PIOJOS. Y dado que mi hija es rubia, no tengo que tomar medidas ni mover ni un dedo, porque Lara no va a tener piojos.


Todavía conservo los frascos de todas las marcas que se os ocurran, de productos antipiojicidas, y peines, y demás artilugios de lo que fue la peor pesadilla de mi vida: la absoluta imposibilidad de erradicar esas bestias de la pelambre rubita de mi niña, al menos no sin ayuda.


(A esto le daremos una explicación, y que es muy sencilla: en las sociedades clasistas, como lo podía ser en buena medida, la mía, en la Argentina, los "sucios" -los "piojosos"-, son los "pardos", los indios, los mestizos, los morochos, los negritos: no los "rubios ni los blancos-anglo-germanos o vikingos o europeos y/o ruso-polacos de donde sean." Luego, una tiene que hacer en su propia cabeza, una labor de limpieza ante cierta clase de PREJUICIOS -peor que los piojos-, de los que una misma se avergüenza.) Lado negativo del tema que se está tratando aquí en este breve texto.


c) Ya que hablamos de prejuicios.


Lara comienza a ir a la guardería.

No pasan ni cinco días, que viene y me plantea la siguiente pregunta: ¿Mamá, los negros son personas?


Bueno. Esas son algunas de las primeras cosas que los niños escuchan Y/O APRENDEN, antes o después, en cuanto comienzan a codearse con el "mundanal ruido" que los "circunda", amén, desde luego, como cabe esperar, del tema de la gordura, estar delgadita, cuidar "la figura", en definitiva, el bullying y la anorexia -acoso, discriminación, fomento de la inseguridad, de la rivalidad, de la depresión, sentimientos de soledad, abandono, ninguneo, aislamiento, de no pertenencia ni aceptación, destrucción, con aire incestuoso y endogámico de los posibles lazos sociales y/o afectivos entre los que nos son ajenos o distintos -por razones de "género", religión, status sociopolítico y económico, etnia u origen, aspecto, dones personales y talento, profesión u oficio parental o familiar, características de personalidad, objetivos, edad-, de la solidaridad, de la aceptación, y demás lacras que nos envuelven y que llevan luego a que todos los acosados acudan (los conduzcan) al psiquiatra rápida y bien tempranamente por TDAH o lo que sea, y sean subsiguientemente señalados como los "rebeldes" y/o "enfermos mentales" y/o psicóticos muy pero que muy "peligrosos", "introvertidos" y/o "agresivos", inadaptados, entre otros "cuadros", algunos incluso peores, que casi ni se puede uno/a imaginar que existan, pero ahí están-, que ya desde cero se les inculca o inocula a las niñas, y niños, en las respectivas familias, o por parte de quien sea que "los eduque."

Y ya.


Podría continuar, pero creo que ya.

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Hola a todos y a todas (o como digo yo, a tods, para facilitarnos las cosas.) No sé muy bien de qué va a versar mi blog, de psicología, psicoterapia y psicoeducación, obviamente, pero mi intención es